(Narra Aitana)
Mala idea, pensé. Había sido una pésima idea
correr sin saber a donde ir. Sin conocer las calles por las que me metía y
alejándome completamente del centro y las avenidas comerciales. Pero en ese
momento, aquel asunto pasaba a un segundo plano. A penas podía ver, las
lágrimas inundaban por completo mis ojos. El corazón me iba a mil, no solo por
la carrera si no en un acto reflejo de sentir menos dolor. Las mejillas me
ardían y la cabeza me iba a estallar. Necesitaba dejar de pensar en lo que
había visto. En aquel beso que poblaba todas las imágenes de mi cabeza. Aquel
instante había sentido como mi corazón se desquebrajaba en mil pedazos. Y que
ni el más potente de los pegamentos conseguiría repararlo.
No sentía ni odio hacia Harry, ni tan
siquiera hacia Emma. Solo sentía dolor y unas ganas enormes de llorar, llorar y
llorar toda la tarde. Y eso fue lo que hice en un rincón de esa enorme ciudad.
En alguna parte de quien sabe donde estaba yo, llorando sin cesar, sin poder
moverme, y lamentando terriblemente haber vuelto a abrir mi corazón.
(Narra Zayn)
Ya estábamos todos alrededor de la mesa. Como
me había dicho, Aitana no estaba allí. Pero si estaban los chicos. Quien más o
quien menos, todos me prestaban atención. Louis, bueno el estaba en otra parte,
pero se esforzaba en atenderme. Harry, había llegado algo tarde, y aunque sabía
que su cabeza pensaba en cierta chica, me miraba intentando comprender. Niall,
bueno lo de Niall es un caso aparte. Tan inocente como siempre él me escuchaba,
pero era inevitable que a veces divagara por su propio mundo. Y Liam… él estaba
como había estado estas ultimas semanas. Parecía un muerto viviente. Pero el
chico respetuoso que llevaba dentro le obligaba a prestarme atención.
Había estado toda la tarde de llamadas, y
visitas aquí y allá. Buscando por internet, y mirando en la agenda que Paul me había dejado. Lo tenía
todo listo para mostrárselo a los chicos y que ese pequeño “proyecto” pareciera
menos temible de lo que era. Cuando terminó la cena todos me apoyaron en mi decisión.
Es más, había conseguido que todos sonrieran al menos una vez en aquella
charla. Parecían ilusionados, no tanto como yo, pero lo estaban. Y era algo que
me alegraba, quería hacer cosas así con ellos. Quería pasar tiempo con mis
amigos, aunque ellos en ese momento, tuvieran su propia batalla personal.
(Narra Aitana)
Respiré hondo. Sequé las pocas lágrimas que
me quedaban, y después de haber estado toda la tarde llorando en aquel rincón
de Toronto, decidí volver al hotel. Se había echo de noche, y aunque no me
importara demasiado, mi principal ocupación en aquel momento debía ser volver
al hotel. Durante aquellas largas horas había estado pensando que hacer, como
actuar o como hablar con él después de todo lo ocurrido. Era inevitable que nos
encontráramos, pero había decidido dormir en otra habitación al menos aquella
noche. Aun la herida era muy reciente.
Conforme iba caminando, me daba cuenta de lo
estúpida que había sido al alejarme tanto de la ciudad. ¿Dónde puñetas estaba?
Lo único que había en aquel barrio en el que me encontraba eran moteles, bares
de borrachos y tiendas de tatuajes. Basura por todos lados, y bombillas a medio
fundir era lo único que me rodeaban. ¿Cómo había podido pasar allí toda la
tarde sin darme cuenta?
Entonces escuché un ruido muy fuerte
procedente de tres calles más abajo. Me asusté, y no se me ocurrió otra cosa
que empezar a correr hasta que sin darme cuenta me metí en un callejón. Escuché
pasos que venían hacia allí así que me escondí detrás de los contenedores que
tenía al lado. Dos chavales de unos pocos años más mayores que yo entraron en
el callejón donde yo estaba. Empezaron a hablar y en toda aquella conversación
me enteré de que acaban de atracar una casa. Cuando escuché eso me aterroricé
tanto que caí la tapa de uno de los cubos que allí estaban. Desgraciadamente,
me delaté.
Los dos jóvenes corrieron hacia mí enfadados.
Me eché atrás y caí al suelo.
- No
diré nada, lo juro –fue lo único que se me ocurrió decir.
Estaba atemorizada y ellos lo notaron. Se
empezaron a reír, pero estaban tan nerviosos como yo. Yo era la única persona
que sabía de su pequeño delito. La única que podría mandarlos a la cárcel tan
solo con hablar. ¿Por qué no habrían de matarme? Uno de ellos sacó una pistola
de su pantalón y la puso demasiado cerca de mi.
- ¿¡Se
puede saber que cojones pretendes hacer!? –le gritó el otro chico.
- Lo
sabe todo ¿Quieres ir a la cárcel? Porque yo no –dijo alterado el que me
apuntaba.
- Robar
casas es una cosa… y otra muy distinta es matar a alguien…. Dios, dios, dios… esto
se nos ha ido de la mano –gritaba el otro en tensión.
El chico que tenía en sus manos mi vida me
miró con detenimiento. Después de unos instantes bajó el arma. Ni si quiera él
se atrevía a apretar el gatillo. Cargar en la conciencia con la vida de una persona
era demasiada carga para alguien tan joven e inexperto como él.
- Escúchame
preciosa –dijo agarrándome del cuello, apretando lo suficiente como para que no
pudiera gritar- como se te ocurra abrir esa boquita, te juro que entonces no
tendré reparos en estamparte una bala en esa preciosa cabecita –amenazó
tocándome el pelo.
Asentí sollozando. Solo quería que aquello
terminase. No podía ser que todo aquello me estuviera pasando a mi en tan solo un
día.
- No
podemos salir –dijo el otro chico- están patrullando la zona.
- Bueno…
entonces tendremos que matar el tiempo de otra forma ¿no bonita? –dijo el otro
mirándome de arriba abajo.
No, no, no. Decirme que no esta pensando en
eso…
Ni si quiera pude gritar. El que parecía su
cómplice me tapó la boca y me sujetó lo suficientemente fuerte como para que no
me pudiera mover mientras el otro se echo encima de mi.
Lloré y pataleé con todas mi fuerza. No lo
tendrían tan fácil. No les pensaba regalar algo tan preciado a unos gilipollas.
No quería que fueran ellos, ellos no…
Una imagen de Harry pasó por mi cabeza, lo
que hizo que llorara con más intensidad. Me quitaron la chaqueta con fuerza y
empezaron a manosear como imbéciles. Eran tan brutos… no pararon hasta dejarme
marcas por todo el cuello, brazos y demás. Estaba dejando de luchar, mis
fuerzas ya no daban para más, era inútil. Jamás conseguiría librarme de ellos.
Pero solo me mantenía con las suficientes ganas de luchar pensar que no quería
que fuera con ellos. Solo quería a un chico, y me pateaba el corazón admitir
que ese chico era Harry.
Cuando se cansaron de jugar empezaron a
quitarme el pantalón. Decidí usar las ultimas fuerzas que me quedaban para
quitar la mano de uno de ellos de mi boca y gritar con todas mis fuerzas.
Cuando pareció que nada podría salvarme, mi grito dio recompensas.
El chico que estaba encima de mi, cayó como
un plomo sobre mi cuerpo. Y detrás vi a una señora con un bate de beisbol en
las manos, la cual fue la que le dio el golpe que lo dejó KO. El chico que me
agarraba levantó las manos al ver que detrás de la anciana había un hombre de
unos cuarenta años apuntándolo con una pistola. Mi agresor se rindió y la mujer
se acercó a mi. Yo no paraba de llorar. Me dolía todo el cuerpo, incluido el
corazón. Solo quería irme a casa. Encontrarme sana y salva entre los brazos de
Harry y saber que nada malo podría pasarme.
- Lléveme
a casa por favor, por favor… -le sollocé.
- Shh…
calma cielo, ya estás a salvo –dijo acariciando mi pelo.
Ese acto me hizo estremecer de arriba abajo,
como un escalofrío desagradable. La anciana llamó al que parecía su hijo y este
me cargó en brazos. Apenas conseguía ver nada, mis ojos estaban encharcados en
lágrimas, pero logré ver como me llevaban a su casa y me tendían en su gran
sofá.
El hombre cogió mi móvil y me preguntó:
- ¿A quien
quieres que llamemos?
Harry fue el primer nombre que me vino a la
cabeza. Pero no, a él no podía verlo ahora.
- Lo..
lou..is –musité- Lou…is Tomlinson.
El hombre lo buscó en la agenda y llamó.
(Narra Louis)
Salimos de la cena. Los ánimos no estaban para
mucha fiesta, así que decidimos ir cada uno a su habitación. Mañana teníamos
muchas reuniones y debíamos estar frescos.
Cuando subía por el ascensor mi móvil empezó
a sonar, era Aitana.
(Narra Aitana)
Cuando volví a abrir los ojos estaba en un
coche. Veía por la ventanilla de este como iban pasando los altos edificios,
los coches, las luces de una gran ciudad, las parejas felices…
Comencé a llorar al recordar a Harry.
- ¡Eh,
eh! Calmate, estás a salvo –escuché la voz de Louis.
Me giré para poder verlo mejor. Tenía su
atención dividida en mi y en la carretera. Y solo en ese momento me sentí a
salvo. Tal vez, fue ver la cara conocida de un amigo, el calor reconfortante
del coche, o la seguridad de que nada peor podía pasarme ya. Había perdido a mi
novio, era consciente de un delito, y unos tipos habían…
- Te
llevaré a casa –dijo con su tranquilizadora voz.
Asentí con la cabeza y dejé que él me llevara
a casa. Ya no tenía fuerzas para nada más.
Cuando al fin terminó el largo trayecto Louis
me cargó en brazos y entramos en el hotel.
- No
me lleves con él. Te lo suplico –susurré.
Me miró con detenimiento, pero pareció
entender. Cuando estuvimos en su habitación me dejo sobre la cama y me
preguntó:
- ¿Quieres
que llame a alguien?¿Que te traiga algo…? No sé, ¿Estás, estás… bien? –dijo
tenso.
Estaba nervioso y apretaba los puños con
fuerza.
- ¿¡Como
joder… como coño han podido hacerte esto!? –preguntó para si mismo enfadado.
- No
necesito nada… solo quédate, por favor. Y no te vayas –le pedí suplicante.
Estaba atemorizada aun estando a salvo. Por
eso necesitaba tener a Louis cerca, no quería volver a sentir esa sensación de
inseguridad y soledad.
Él con sumo cuidado se sentó sobre la cama a
mi lado y me acunó entre sus brazos. Al principio su contacto, su calor, todo
me producía una horrible sensación. Pero sabía que era Louis y no esos tipos,
así que le abracé también con las fuerzas que pude. Besó mi frente y siguió
acunándome con cariño.
- Lo
siento –pronunció.
(Narra Louis)
Todo mi ser vibraba con una rabia inmensa.
Estaba enfadado, furioso y de mal humor. ¿Cómo cojones podía a ver alguien que
pudiera hacerle esto a una chica? Merecía que le matara a puñetazos hasta
dejarlo sin sentido. Pero ahora no podía ocuparme de eso. Mi principal
ocupación ahora era Aitana. Cuando aquel hombre que la salvó me llamo y me dijo
aquello salí disparado a por ella. Les agradecí eternamente lo que hicieron.
Cuando la vi en aquel estado fue horrible lo que sentí.
Estaría allí toda la noche despierto si
hiciese falta. Aitana no dejaba de temblar y llorar hasta que por fin a las
cuatro de la mañana se quedó dormida. Aproveché ese momento para mandarle un
mensaje a Harry. Se que mi amigo estaría preocupado, y aunque le prometí a ella
no llamarlo, sentía que Harry debía saberlo.
“ Harry ¿Puedes venir a mi habitación un
momento? Es importante. PD: No hagas mucho ruido”
Pulsé enviar y me quedé a esperar y pensar
como le explicaba a mi mejor amigo que había violado a su novia.
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Continuamos con el maraton... FELICES REYES! :)
Twitter: @ClaraMalik_1D
Tuenti: Clara Malik OneDirection
Repito que la ganadora la pondré en mi estado!
¡¡ATENCIÓN!! HE SUBIDO 4 CAPITULOS. NO OS PERDAIS NINGUNO :)
Pobre Aitana, y a ver si se arreglan ya
ResponderEliminarPD: Carmen Payne :-)
Gracias por tu comentario Carmen :)
ResponderEliminarSe agradecen x